La boda de Ignacio y Unai

¿Y si os decimos que las bodas no tienen por qué ser un evento estructurado, protocolario y convencional? ¿Qué se puede hacer una boda divertida, diferente y personalizada? ¡Por supuesto! Y no nos cansaremos de decirlo. Una boda es una ceremonia para celebrar vuestro amor con vuestros seres queridos y el amor no es ni convencional, ni protocolario, ni tiene reglas porque madames et monsieurs, estamos en el siglo XXI.

Unai e Ignacio no querían una boda clásica, no querían una boda en donde hubiese un código de vestimenta, un mapa para sentarse y horarios estructurados. No, ellos querían que sus invitados estuviesen tan cómodos y relajados como en cualquier otra fiesta, que se sentaran dónde quisieran y con quién quisiesen y que fuesen libres en todo momento para divertirse, emocionarse y ser espontáneos.
Dicho y hecho. Unai como buen arquitecto era muy creativo y soñador. Ignacio aportaba la parte práctica que hacía tener en mente siempre lo mejor para los invitados, así que yo creo que juntos hacen un buen equipo. Ni que decir de ellos como pareja que derrochaban amor y sintonía por todos los rincones, aparte de la calidad humana de ellos dos, que junto a Bruno y Catalina hacen una familia preciosa y muy querida por su entorno que se volcó completamente en su boda.

Eligieron casarse en el hotel Arresi de Arminza, un lugar que ya conocía pero no en el dominio de los eventos y que sin duda fue todo un acierto. El hotel cumplía todas las condiciones de los novios :

♥ Unos jardines de ensueño con piscina

♥ Una zona amplia para crear diferentes espacios para la ceremonia, cocktail y el baile

♥ Exclusividad, el hotel cerraría sus servicios solo para ellos para poder disfrutar con libertad y no molestar

♥ Habitaciones, para  poder dormir ahí y quedarse hasta las tantas

♥ Aparcamiento amplio para todos lo invitados

♥ Unas vistas espectaculares al mar y con un atardecer de no olvidar

La verdad es que es una gozada trabajar con Arantxa del hotel Arresi, siempre flexible con todas las peticiones, disponible y muy agradable. Una auténtica profesional que hizo plasmar todos los deseos de los novios en los jardines del hotel.

Tanto Unai como Ignacio se quedaron a dormir en el hotel y al día siguiente, el día D, se vistieron por separado. A veces las tradiciones tienen sentido y nos permiten guardar algo de magia. Unai se vistió con un blazer y pantalones conjuntados azules marinos con pequeños lunares blancos de Uniforms for dedicated, camisa blanca de Mango abrochada hasta arriba y zapatos con toque sport a juego de House of Montague. Un traje divertido y original que sin duda casaba con su personalidad.

Ignacio, algo más clásico que Unai, por decir algo, se enfundó, con mucho estilo y personalidad, en unos pantalones azul Klein de Dockers y una blazer de cuadritos vichy grises y blancos de Man. Llevó pajarita y tirantes, accesorios muy en tendencia que le dieron a su look un aire dandy y a la vez moderno. Iba perfecto, pero la joya del look, para una servidora, fueron los zapatos en burdeos con suela de esparto. Dos auténticos dandys, cada uno a su estilo con elegancia y carácter, al mismo tiempo.

Amaneció nublado, y aunque había un plan B, cuando el tiempo levantó, fue un subidón de alegría, ese día el sol estaba de su parte. Los invitados ya estaban llegando, se veían trajes y vestidos de todos los estilos, larguras y colores. Efectivamente, los invitados habían entendido a la perfección los deseos de los novios, que cada uno venga como se sienta cómodo y guapo, no había imposiciones. Y la verdad es que chapeau por los invitados que acataron sus deseos.

Para la ceremonia se habilitó una especie de kiosko al lado de los viñedos del hotel, colocamos una pequeña mesa a modo de altar con trozos de troncos y flores para no desentonar con el entorno. Unai llegó con Catalina e Ignacio con Bruno por separado y cada uno con sus respectivas madres, muy emocionadas.

Fue una ceremonia muy emotiva en donde destacó la participación de los asistentes. Uno de sus amigos se encargó de dirigirla y hubo varias intervenciones de amigos y familiares para leerles cosas muy emocionantes y con mucho cariño. La anécdota la pusieron los propios novios en el momento del intercambio de anillos, cuando se dieron cuenta que se los habían dejado en la habitación ¡Oops! Uno de los testigos tuvo que correr a buscarlos, mientras Bruno no paraba de llorar porque quería con sus padres. La verdad es que fue una ceremonia muy tierna.

Al final de la ceremonia, Unai, ante la expectación de todos, tiró el ramo que le habíamos hecho con paniculata y una amiga lo cogió al vuelo mientras todos reían y aplaudían. Otro amigo suyo les bailó el aurresku. Y hasta aquí llegaron las tradiciones, porque a partir de este momento la pareja quería una boda que rompiese moldes.

La inspiración del resto del día salió de la idea de las guinguettes, aquellos cabarets populares parisinos que servían comida de manera informal y donde se bailaba el vals, que sirvieron de inspiración para muchos pintores y artistas de la época. Se quiso preservar ese espíritu popular y al mismo tiempo con clase para crear una fiesta desenfadada con comida, bebida y música pero muy divertida con diferentes espacios donde todos pudieran sentirse a gusto. Todo ello con aires rústicos y campestres y es que el lugar era perfecto para ello. Con la colaboración de Bilbao3 que puso varios comptoirs con diferentes temáticas en los jardines:

El sushi- bar con cocineros japoneses haciendo makis en vivo y en directo y decoración asiática.

El rincón a la brasa con barbacoa, pinchos morunos, hot-dogs,..

El rincón de los marinados con varios tipos de pescados y marisco y el bar de ensaladas con bocaditos de ensaladas fresquitas, con limonadas, zumos  y frutas.

Y por último, una zona de postres a modo de candy-bar, en un carrito de madera con toldos retro. Todo riquísimo.

Para que los invitados estuviesen cómodos se creó un espacio chillout a la sombra con mobiliario blanco y de madera para comer tranquilos. También se acomodó la zona alrededor de la piscina con mesas y sillas decoradas con jarrones de cristal y flores blancas y exóticas.

La idea era que cada uno se sirviese en el comptoir cual bufete y comerlo en ese jardín espectacular en cualquiera de los rincones acomodados o tirados en el césped si así lo querían, había sitio para todos. Lo cual encantó a los invitados que disfrutaron desde el primer momento de este concepto.

Un ambiente muy relajado y divertido entre amigos y familiares. Si hay algo que destacar es còmo la gente disfrutó de esta boda, recuerdo el sonido de risas continuamente, los cánticos y a los niños jugando pasándoselo pipa. Algún valiente incluso se bañó en la piscina para pescar los patitos de goma que habíamos puesto.

Un amigo suyo dj, amenizó la jornada mientras el sol caía, un auténtico espectáculo en este rinconcito de Bizkaia. Ignacio se arrancó a cantar desde el balcón, todos bailaban como si no hubiera un después y el buen rollo perduró en todo momento. Estoy segura que a los invitados no se les ha borrado este día de la memoria.

Cuando se hizo de noche, se iluminaron las velitas colgadas en los árboles del jardín y la fiesta siguió hasta las tantas de la mañana, como podéis imaginar.

Una boda informal y emotiva gracias a gente maravillosa como ellos, simpáticos, creativos y con mucho encantol. Son una pareja y familia preciosa.

Sin dud,a este tipo de bodas son una inspiración para aquellas parejas que huyen de las celebraciones artificiosas y formales, si os gusta este tipo de bodas, no dudéis en contactarnos.

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